Movimiento

-Esto es sentirse vivo la puta madre

-Si pero cuando lo hacés demasiado puede que sea mucha vida


Decimos que la tripulación es un zoológico. Hay un punto. Son mitad uruguayos, otro tanto argentinos, un brasilero y un peruano. Pero igual lo de zoológico creo que no es necesariamente por las nacionalidades sino por el popurrí de personalidades desconocidas entre sí que fueron puestas en un mismo 40 pies de largo y 2,20 de calado. Me acuerdo de esos datos del barco porque llamé a un puerto para reservar una amarra.


Para algunos, yo incluida, esto es una epifanía. Un quiebre a partir de una experiencia. Es acariciar la adrenalina más pura de nuestras vidas. Un grupo de personas excesivamente heterogéneo comparten la necesidad de movimiento. Algunos de ellos, ya tienen la rutina atada al movimiento. Pero para la otra mitad esto es una utopía acuática. Yo soy de ese segundo grupo. Es muy loco como se mimetizan las edades y todos ignoran el nivel de jerarquía que quizás tienen en el mundo “real” -y digo real porque para mí esto es tan irreal que no caigo-.


Nunca tuve una mayor definición de movimiento que esto. Pero claro, cuando esto es tu vida, la principal suposición que uno puede hacer es que entonces buscarán el movimiento por otro lado. No. Bueno, osea… es obvio que quien se dedica a la náutica muy posiblemente tenga un camino menos rutinario que el del que labura en un sistema de seguros bancarios. Pero el punto está en que si bien para cada uno el movimiento significa una cosa distinta, o proviene de cosas distintas, todos lo necesitamos en mayor o menor medida. Porque el ser humano desde que se puso de pie caminó con el objetivo de ir hacia destinos cambiantes.


No sé si necesariamente esto tiene un punto. Estoy por primera vez en bastantes días sola, desayunando en un bar de un pueblito costero y necesitaba sentarme a escribir porque la cantidad de emociones que experimenté en el último tiempo me hace sentir que estoy un poco loca. Y la escritura es una neurosis curada, es una locura sana.


Creo que lo que hace a esto mágico tiene que ver con lo finito. Sé que termina, que esto es ahora y en un tiempo vuelvo a la vida estática. Y qué difícil va a ser contar esto al común denominador de gente. Estoy segura que me van a preguntar acerca de qué comíamos en el barco, si nos bañábamos, si tuve miedo. Y yo voy a querer hablar del viento, del barco escorado, de la trasluchada y la maniobra que hay que hacer con algo que se llama tangón (lo aprendí hace poco), que cada cosa tiene un nombre y que esos nombres tienen apodos y que todo esto es como estar mirando una película de Christopher Nolan: si te perdes 2 segundos de conversación no entendés nada. Pero qué lindo es, la puta madre, la sensación de no entender nada y de a poco entender algo.


Volviendo al punto anterior, mi conclusión es que es mentira que la gente náutica busca el movimiento por otro lado. Porque cuando uno hace algo condicionado estrictamente por las leyes de la naturaleza nunca nada es repetido, no existe un día igual porque las condiciones nunca son las mismas, porque el mundo cambia y porque cada regata, traslado, destino y gente vive atravesando por una eterna metamorfosis. Eso es movimiento. Yo, ahora, estoy en movimiento. Y eso es vida. Porque en definitiva: si quieres que algo muera, dejalo quieto.

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