Navegar

No la pasé muy bien la primera vez, y algunas otras tampoco.


Se acercaba una tormenta tremenda, una nube negra se comía el cielo azul y a toda velocidad... atrás otra distinta, muy blanca...


“la de atrás tiene forma de sombrero”


“Si! Los sombreros a veces traen viento, así que nos tenemos que preparar, este es tu arnes, siempre te enganchas acá, ves? Al lado mío”


“Pero la negra no era la tormenta?”

——

No, la negra no era nada, ahora que entiendo: ¿cómo puede entrar un pampero y atrás del sudeste? ¿Tan fuerte iba a soplar? Si, Santi... tenías que modificar un poco la perspectiva... y a veces modificarla tanto como para analizar muy seguido varias perspectivas.

Creo que tenía diez u once años, qué mala suerte che!... no se ni cuántas horas estuvimos tirando bordes y bordes... y cuando ya estábamos cansados, había que entrar al canal... pierdas por aquí, pierdas por allá.

Lo miré, tenía miedo también, pero su mirada miraba con otra perspectiva.


“Viste? Por eso compré las velas de capa, habría que tener una pasteca más atrás, con la escota del spi puede andar mejor”


Ya estábamos en el auto, y quería llegar a casa, a casa no, al colegio!!... quién me lo iba a creer?


“El arnes Santi, y si, vamos con el tormentín porque esto no piensa aflojar“


Si..., de vuelta lo teníamos puesto, otra vez sopa. Habíamos ido a despedir la Fragata Libertad... ahí estábamos de vuelta, esa me la acuerdo mejor.

13hs de Puerto Madero a La Plata... y llegando, de vuelta, piedrita por ahí, piedrita por allá.


Otra vez esa cara, pero esta vez fue un poco distinto.. el barco completamente acostado, quedamos blancos, totalmente blancos los dos.... y de repente volvió despacito... lo suficiente para orzar un poquito más.


Y ahí si, satisfacción mutua. Los dos con la misma mirada.

Ya en el auto no había ganas de contarlo, se sentía distinto, como un aire de esos que te inflan el pecho y te hacen pensar.

———


“¿Que loco no?”


Decía un amigo mientras hacíamos banda y se venía una de esas negritas.


“Piénsenlo así, te morís ahora y que se yo... es como que te coma un tigre. Es algo bastante original”


No nos parábamos de reír, los tres enganchados muertos de calor pero con el traje puesto, nos reíamos porque en 20 minutos iban a estar todos muertos de frío... Y de repente un rayo iluminó toda la flota... Luz, explosión, todo junto. Y una risa mitad alivio mitad nervios..

Esta vez la perspectiva era súper distinta. Ya sabíamos lo que iba a pasar. ¿Un poquito de miedo? Si! Obvio. Pero era parte del paquete.. aparte íbamos a fondo.

Qué bien hicimos en ganar barlovento, qué seguro se sentía. Me tocó timonear un rato; que suavidad, me gustó el barco....

Si, me estaba empezando a gustar después de saber que se aguantaba una de esas....


Y así “miles” y tenés los que hablan y se les cae, mejor dicho “se les chorrea” toda su experiencia pero después son los primeros en vomitar, o reaccionan realmente muy mal.


Por eso él se callaba, ya lo había entendido. Es un poco de humildad, un poco de astucia. Y si, claro, algún día puede salir mal.


—-


Esta venía brava, él tenía otra cara, hablamos por teléfono primero; pero ya imaginaba que la cara no era la misma. Esta tormenta no la habíamos visto llegar.


“Santi, las cosas no vienen bien”


Nunca sentí tanto frío, y nunca me faltó tanto abrigo. Asumí el temporal, pero es increíble como siempre aparece un sombrero más, enfermeros que entraban y salían, una piedrita por aquí, otra por allá.


Y las ves pasar, ahí la tenés, te la presento... y un día te va a tocar...


Se iba mamá, de la nada... realmente teníamos la nube encima. Los arneses eran abrazos, miradas. En esos momentos de tristeza, donde veía lo más débil del él... veía, también, su fortaleza.


“Mamá no sufre más, Santi, no sufre más”


Esa mirada de vuelta, ¿como podía lograrlo? Esa mirada de “no todo está pedido” de poner tormentin y seguir que: “de esta salimos”.


Gracias papá, por enseñarme a navegar.


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