Relato de un principiante

Actualizado: 28 nov 2021

Navegar no es fácil, y no lo digo yo, fue nombrado uno de los deportes más complejos en las olimpiadas pasadas.


Ni bien te subís por primera vez ya te cambian los nombres hasta de las sogas; “cabos” que le dicen, y si es un piolín le dicen “cabito”. A los cabos que manejan las velas les dicen “escotas”, y después tenés la escota de la vela mayor y las dos del foque, que en el caso de nuestro barco solo tenemos foque, pero si la vela de proa es mas grande se le dice “Genoa”, y según el tamaño tienen Genoa 1, 2 o 3. Y esto es solo un pantallazo general de la primera clase, que deja de lado el asunto ese de la orza, el as de guía, y el cosito del coso que le llaman mordaza.


Cuando salís de la clase volvés hablando en chino, o peor, en nautichino. Querés contarle a tus amigos que cuando navegabas de ceñida el barco escoraba un montón pero para que entiendan eso tenés que darles dos clases previas. Entonces sucede lo siguiente: o bien te quedás sin amigos, o bien te divierten más los amigos nautas que los simples mortales. Ahh porque los que navegamos somos inmortales, ¿O me vas a decir que en esa racha cuando no podías filar la mayor no te agarró un pequeño infarto? Pero te justificaste, sobreviviendo.


Después te enseñan el asunto ese de tomar un rizo y cuando ya aprendés a “achicar paño” -como le dicen- te mandan a hacer la maniobra del hombre al agua. Que si se cae alguien al agua, un abrazo, porque para que te quede el tipo a una distancia prudente para poder levantarlo y para que hayas frenado el barco a tiempo tenés que ser un calculista.


Un detalle no menor es el hecho de entrar a puerto. Cuando pensabas que la tortura había llegado a su fin tenés que calcular la cuestión de tomar la boya. “Agarrá el bichero” te dicen, yo el único bichero que conocía hasta entonces era el de limpiar la pileta. Pero acá le dicen así a un gancho que tienen para agarrar la boya, siglo XXI agarrando la boya con un gancho, llenándote las manos de óxido y algas, y uno que pensaba que navegar era elitista...


Termina la clase y te hacen doblar la vela de una forma especial, como un abanico. Y después de eso te enseñan a adujar un cabo y hasta que no te sale perfecto no te dejan bajar del barco -maniobra de riesgo que también tiene su arte contorsionista-.

Pero les digo a todos los nuevos y viejos principiantes: Que cuando te bajás del barco, una extraña sensación en el cerebro anhela el movimiento del casco con el viento, el sutil sonido de las olas y la presión de las velas sobre las escotas. El cuerpo entero reclama volver a ese momento para seguir valorando lo gloriosa, lo ambiciosa, y perfecta que es la navegación a vela.


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